La mañana del domingo 22 de febrero de 2026, la terraza del Hotel Royalty se llenó de abrazos largos, miradas cómplices y una emoción que se sentía en el aire. A las 9:00 en punto, familiares y amigos de Antonio León Rojano se dieron cita en el corazón de Puebla para acompañarlo en uno de los momentos más significativos de su vida: la presentación de su libro “Me convertí en quien me hubiera protegido ”.
No fue una presentación convencional. No hubo solemnidad fría ni discursos acartonados. Hubo, en cambio, verdad. Hubo lágrimas. Hubo valentía.
Desde las primeras palabras, Antonio dejó claro el espíritu de su obra: no nació como un proyecto comercial, sino como una necesidad del alma.
Un deseo profundo de compartir aquello que a muchos les hubiera gustado escuchar en su infancia. “No es un libro para evidenciar a mi familia, es un libro que me llevó tiempo; es un sueño hecho realidad. Si sé que puedo ayudar con mi libro aunque sea a una sola persona y transformar el dolor en paz, con eso me doy por bien servido”, expresó con voz firme, aunque inevitablemente tocada por la emoción.
La terraza fue testigo de confesiones honestas y recuerdos que, lejos de abrir heridas, parecían comenzar a cerrarlas. Entre pausas, aplausos espontáneos y ojos humedecidos, Antonio y sus invitados compartieron vivencias que resonaron en todos los presentes. Cada palabra parecía recordarle al público que sanar es posible, que el dolor puede transformarse y que protegerse a uno mismo también es un acto de amor.
El libro, escrito “con mucho amor”, como él mismo lo describió, busca ser refugio y compañía para quienes atraviesan procesos de sanación. Más que un producto, es un puente. Más que páginas impresas, es una conversación pendiente.
Aquella mañana no solo se presentó un libro; se celebró un sueño cumplido y la esperanza de que sus palabras encuentren el corazón de quien las necesite. Porque cuando una historia se comparte con honestidad, deja de ser individual y se convierte en un abrazo colectivo.
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